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Mi hijo tiene ahora 6 años, y ¡es el mejor hijo del mundo! (esto lo dirán todos los padres, ¿no?) Y una de las cosas que más me sorprende de él, y creo que de todos los niños en general, es la facilidad con la que es capaz de cambiar la emoción que siente en cada momento.

Frescor emocional

Si te las «has visto» con niños habrás experimentado esa sorpresa cuando de repente se ponen a llorar, que parece que se acabe el mundo. Y, de repente, están riéndose a más no poder. ¿Cómo lo hacen?, ¿puede hacer esto un adulto?, ¿puede servir para la gestión emocional?

Además, tengo la impresión, que es para experimentar la vida de esta forma que se nos ha dado la capacidad de sentir emociones. Y no, como solemos hacer, para anclarnos en ellas y dejar de vivir el presente.

Para mi, en esta habilidad de los niños, se esconde una de las grandes herramientas de la gestión emocional. Una habilidad innata que con los años, la buena educación y el tener que ser coherentes, se acaba perdiendo.

Un obstáculo a tu capacidad de fluir: la coherencia

Cuantas veces no te ha sucedido que dejas de estar enfadado por algo pero… ¡ahora no te puedes reír! Hace un momento estabas que rabiabas y ahora que dirán… Y entonces continúas sumido en un estado de semi enfado que no tiene mucho sentido pero que necesitas sostener para mantener tu credibilidad. Parece, incluso, más ridículo que lo que hacen los niños ¿no te parece?

Y detrás de esta coherencia se esconde el Ego. Tu personaje. Con su gran necesidad de hacerse notar. –Yo soy así ¡y punto! Este tipo de cosas me ponen de mal humor y no se me pasa así como así. Otra vez no me lo hagas, esto- Casi te duele, cuando lo acabas de decir.

Para mi, el tener que ser coherente, te priva de una herramienta muy potente para gestionar tus emociones: la capacidad de cambiar tus pensamientos. Y esta es, para mi,…

La clave de la gestión emocional

Como te contaba en Qué son las emociones, las emociones son la respuesta de tu cuerpo a tus pensamientos. Por tanto, si cambias lo que piensas, de forma automática cambias lo que sientes. ¿Esto es realmente así?

Por lo menos, con los niños, parece que así es. Y, de hecho, es uno de los recursos que utilizamos los padres para conseguir que los niños no lloren:

– ¡Mira que juguete tengo para ti!- Y el niño deja de llorar, se pone a reír y a jugar. “Problema” resuelto.

Gestionar las emociones 1

De hecho, lo que sucede, es que el niño se enfoca en otra cosa distinta, en un pensamiento feliz y se olvida de llorar; empieza a reír.

No puede tener un pensamiento alegre y estar llorando. Y viceversa.

Y al revés funciona igual. Los niños, cuando quieren algo, se ponen a llorar para conseguirlo. Saben, de forma intuitiva e inconsciente, que se lo darás para que estén contentos y “dejen de llorar”. Que listos, ¿verdad? Pues esto es algo que también puedes hacer tu, ¿no te parece?

El cerebro reptiliano

Tal vez, esto que te cuento, no te sirva para “controlar” lo que sientes.

Como dice Daniel Góleman* las emociones utilizan un atajo en tu cerebro que sortea el neocortex. Con lo que la respuesta que tu das a un estímulo externo es, en primera instancia, completamente irracional.

Sin embargo, un instante después, la información también ha pasado por tus centros racionales, y ahí es donde puedes empezar a gestionar lo que sientes. Y evitar, de esta manera, mantenerte secuestrado en esa emoción que no te beneficia. Es ahí donde tú empiezas a tener la opción de aplicar el truco de los niños.

El “truco” para gestionar las emociones

Y ahí va el recurso de hoy.

  1. Piensa en algo que te haga muy feliz, que te ponga muy contento. Que te haga reír. Sumérgete en esa sensación durante unos segundos. Fantástico ¿no?
  2. Ahora, cada vez que sientas una emoción “desagradable” sólo tienes que recuperar el pensamiento anterior. Y, como con los niños, la emoción “desagradable” se desvanecerá.

Esto se puede complicar tanto como quieras, utilizando anclajes y otras historias. Pero creo que no es necesario, los niños lo hacen y no conocen la PNL. Así que ¡adelante! Y mantén a ralla esos secuestros emocionales de tu sistema límbico.

Si no consigues transformar tu emoción, por lo menos vas a conseguir debilitarla. Ya que este truco te obliga a des-identificarte de ella. Con lo cual va a perder mucho de su poder.

Y, para terminar, ¡no te creas nada de lo que te diga! Pruébalo y luego me lo cuentas. Espero tus comentarios aquí abajo. Todo lo que aportes enriquecerá este post. ¡Muchas Gracias!

* Daniel Goleman. Inteligencia emocional.

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